‘Por último
los vanyar convocaron a los Eldar a Valinor, lejos del Mal asentado en
Beleriand y Tierra Media. Y fue Mandos, el Juez de los vanyar y uno de
los más sabios, quien habló y dictaminó sentencia
bajo las órdenes del rey de los vanyar, Manwë, el de la aguda
mirada. Curioso sobrenombre para aquel que cerró los ojos al Mal
y cuya brillante solución fue traer a los Eldar hasta Valinor’.
‘Y con gran alivio vieron esta solución los Teleri, pero
no así los noldor, que la despreciaron como solución cobarde.
Y nunca antes nadie había osado contradecir a los sabios vanyar
(N.A.: ni después tampoco). Y fueron abandonados a su suerte y
nunca fueron apoyados por los poderosos ejércitos de los vanyar.
Y fue en aquél clima de desesperación cuando se anunció
la llegada de un mesías que les salvaría del Mal ante aquel
desafortunado rechazo de los más poderosos de entre los elfos’.
‘Y en verdad eran poderosos, sabios y hermosos los vanyar, pero
demasiados frívolos, despreocupados e indolentes a los ojos del
mundo. Un mundo que sufría demasiado. Pero no todos los vanyar
nos abandonaron. Dos almirantes de la gran flota vanyar liderada por Ulmo:
el colérico y aguerrido Ossë y su compañera Uinen se
quedaron largo tiempo en las costas del mar Occidental y enseñaron
al pueblo de Olwë el arte de la marina y de la construcción
de barcos para el combate contra el Mal’.
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